Formación 2.0

La formación 2.0 ha llegado para quedarse. Su impacto esta cambiando el escenario formativo de una forma radical, y aunque no todo lo nuevo sea positivo, muchas de las cosas que aporta esta nueva forma de educación son viejos anhelos de la comunidad educativa. Por ejemplo, una mayor participación del alumnado a través de la socialización que permiten estas herramientas. Esto conlleva una mayor interacción entre el alumno y el educador, algo que siempre ha supuesto una gran problema dentro de cualquier modelo educativo. El exceso de protagonismo del educador restaba capacidad de aprendizaje e implicación al alumnado que veía al educador como una fuente de verdad absoluta que ni contravenía ni interpelaba. Un auténtico fracaso del antiguo modelo educativo.

Algunas de las palabras clave de este nuevo mundo educativo son, como ya hemos apuntado, socialización, participación, colaboración, hipervínculo. Todo pivota en la capacidad del alumnado y su nueva relación con el conocimiento, que ahora es obicuo, así como el nuevo papel que juega el educador. Que ha perdido el monopolio de la información y el conocimiento convirtiéndose en un catalizador más que en una fuente como era en el pasado. Por supuesto el papel del educador sigue siendo fundamental, en un entorno de saturación informativa y de conocimiento a golpe de click se vuelve imprescindible la capacidad crítica que tiene que desarrollar el alumno para protegerse y aprender a discernir el conocimiento de forma adecuada. En un mundo de conocimiento obicuo, la ignorancia se transforma, siendo el peligro la incapacidad de decidir cual es el conocimiento y en que grado el adecuado.

Pero claro la formación 2.0 no sólo es un gran cambio para los alumnos, que tienen una capacidad de adaptación a este nuevo entorno innata, también es un cambio, y más grande, para los propios educadores. Han de cambiar los paradigmas en los que se educaron  y formaron, por unos nuevos paradigmas. Este cambio no siempre es fácil ni cómodo, la falta de relación con la tecnología, la incredulidad ante el tsunami, u otro tipo de razones hacen que muchas veces sea el educador quien intente detener o por lo menos frenar un cambio que es inevitable. Para perder el miedo al cambio lo mejor en estos casos es desarrollar las competencias profesionales necesarias para afrontar el cambio, adaptarnos y utilizar estas nuevas, y magníficas, herramientas para desarrollar las capacidades de los alumnos.

Es la propia formación de los educadores la que ha de impulsar su adaptación y perder el miedo a herramientas como blogs, wikis, RSS, CMS, redes sociales, etc. El cambio es imparable y hay que subirse a la ola. Esperemos que el ministerio de educación aporte cada vez más recursos para que los educadores puedan formarse y adquirir los conocimientos imprescindibles para facilitar el cambio.

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